SUBMARINOS NAZIS EN LA ARGENTINA.
Durante décadas, en Argentina hubo y hay un particular debate: la llegada del nazismo, políticos o militares que ODESSA se encargaba de ayudar a huir. En este capítulo se investigó y recopiló brevemente las historias de la llegada "inesperada e inédita" de dos U-Boot a costas argentinas.
Ernesto Russo.
El U-530 fue un submarino alemán de Tipo IX rendido por su propia tripulación el 10 de julio de 1945 en el puerto de Mar del Plata, Argentina, dos meses después del fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa.
El submarino
El U-530 fue botado en julio de 1942 en los astilleros “Deutsche Werft” y entró en servicio tres meses más tarde. Era un submarino de la clase IX C/40, su eslora era de setenta y siete metros de largo y su manga de siete metros, con capacidad de transportar 44 tripulantes. Con un desplazamiento de 1144/1247 t, tenía una autonomía de 11.400 km pudiendo desarrollar una velocidad de superficie de 17 nudos y en inmersión de 7 nudos. Poseía 6 tubos lanzatorpedos, con 21 torpedos a bordo. Su primer capitán fue Kurt Lange, un veterano de 40 años. Bajo su mando, el historial de servicio del submarino no había sido destacable y el U-530 tenía fama de “submarino con suerte”, había completado un total de 5 patrullas, hundiendo 2 buques (12. 063 t) y 1 dañado. En enero de 1945, Lange consigue un destino en tierra, haciéndose cargo de la nave el que hasta ese momento fuera su primer oficial, Otto Wermuth, un teniente de navío de 24 años. Wermuth se desempeñaba como submarinista desde principios de 1941, comandando por un breve periodo el U-853.
La travesía
El 19 de febrero, el U-530 zarpó desde Kiel hacia la costa este de los Estados Unidos, para operar en las inmediaciones de Nueva York junto a una veintena de U-bootes. Según el relato de los marineros, el joven capitán permitía a su tripulación observar por el periscopio al hallarse la nave muy cerca de la costa, pudiendo observar las luces de Nueva York y observar nítidamente autos, trenes y hasta los zeppelines encargados de la vigilancia aérea de la costa. La última comunicación del submarino con su base fue efectuada el 24 de abril de 1945, su cercanía con la costa impedía una nueva comunicación, al correr el riesgo de ser detectados. Recién el 12 de mayo la nave se adentró en el mar para poder comunicarse con Kiel, y Wermuth se enteró en ese momento de la finalización de la guerra y de la orden de entregarse. Prácticamente sin posibilidad de regresar a una Alemania ocupada, el capitán sugirió la posibilidad de entregarse en España o en Argentina, explicándole a su tripulación como era la vida en esos dos países. Finalmente, por mayoría se decidió emprender el rumbo hacia Argentina. Desde aquí nada se sabe sobre el U-530 hasta su rendición, ya que antes de llegar a Mar del Plata, la tripulación arrojó al mar la bitácora, las cartas de navegación, los torpedos, el cañón de cubierta, y todos los aparatos y sistemas considerados “secretos”.
La rendición
La mañana del 10 de julio había amanecido nublada y muy fría en Mar del Plata, entre las escolleras del puerto todo parecía normal hasta las 07:30. A esa hora el personal de vigilancia advirtió unas señales luminosas que venían desde mar adentro a unos 5 km de la costa. El capitán de corbeta Ramón Sayús, a cargo de la guarnición, fue despertado de urgencia y conducido hasta el puesto de observación. Momentos más tarde, cuando descifró el mensaje que las luces transmitían, casi no creyó lo que estaba viendo, alguien desde alta mar se estaba identificando como «submarino alemán». Luego de 15 minutos, el capitán Sayúd y el comandante alemán empezarían a intercambiar mensajes. El oficial alemán se identificó como Otto Wermuth y le dijo que su intención era rendir el submarino ante autoridades argentinas. Después de aclarados los términos de la rendición, dio su autorización para que el submarino avanzara navegando en superficie y atracara amurado al guardacostas, junto a la escollera del puerto. Las maniobras de amarre fueron tensamente vigiladas desde tierra, y una vez concluidas, los marinos argentinos vieron como Wermuth luciendo su uniforme de gala y sus condecoraciones, hacía formar en cubierta a sus hombres y esperaba a que llegara a su nave la tripulación de presa que tomaría el control del submarino. A las pocas horas de la llegada del U-Boot, Wermuth y las autoridades argentinas firmarían el acta de rendición en regla, izándose a continuación la bandera Argentina en el puente. Con este acto concluyó oficialmente la vida bélica del sumergible alemán, que en su larga travesía había establecido un récord de larga distancia para este tipo de naves, además del de navegación con esnórquel.
El hundimiento del Bahía
La llegada del U-530 desató una tormenta de sospechas en torno al sumergible y su tripulación, sobre todo debido a que unos días antes de la rendición del U-Boot, el 4 de julio, una explosión había hundido al crucero brasileño Bahía, causando la muerte de 336 de sus tripulantes, entre ellos 4 estadounidenses. La prensa brasileña se mostró agresiva hacia el U-530, no vacilando en marcar al sumergible como el responsable de la tragedia del Bahía, recordando que 31 mercantes de Brasil fueron hundidos durante la guerra por naves alemanas. Incluso el jefe del Distrito Naval de Río de Janeiro, Almirante Dodswort Martins, al que pertenecía el Bahía, declaró que según sus cálculos de navegación, el U-530 podría haber estado en el lugar del hundimiento. Declaró que era inadmisible que el Bahía se hubiera hundido por la explosión espontánea de su santabárbara como aseguraban algunas de las hipótesis. Las arriesgadas afirmaciones del Almirante fueron contestadas por el dictamen oficial de la comisión investigadora del caso: el Bahía fue destruido por la explosión del pañol de municiones debido al impacto de uno de sus propios proyectiles antiaéreos durante una práctica de tiro.
Sospechas
Dadas las circunstancias del caso, las primeras preguntas que se formularon a la tripulación del U-530 eran por demás inevitables: ¿estuvo a bordo del U-Boot algún dirigente del III Reich o el mismo Hitler?. Las rotundas negativas de los marinos alemanes a tal sospecha la respaldaron con el argumento de que el fin de la guerra los había sorprendido en alta mar y que entonces habían decidido rendirse en Argentina para evitar el duro cautiverio que les sería infringido por los vencedores. Las declaraciones de los marinos eran complementadas con minuciosas pericias técnicas hechas a bordo de la nave. La prensa internacional dedicó amplios comentarios respecto del U-530, deslizando hipótesis sobre altos dirigentes del Reich ocultos en la nave, que fueron desembarcados antes de la rendición en las costas de la provincia de Buenos Aires, y otras hipótesis que resultaban verdaderas historias de ciencia ficción. Un diario soviético consideró que seria interesante saber quien viajaba oculto en dicho sumergible y también sobre “quién podría haber abastecido a la nave con alimentos y combustible durante los últimos dos meses”. En las últimas horas del día 10, la subsecretaría de informaciones del gobierno argentino emitió, sin embargo, un comunicado oficial en el que se expresaba textualmente:
1) Las investigaciones practicadas establecen que el submarino alemán U-530, que se entregó esta mañana a las autoridades de la base de Mar del Plata, no fue el que originó el hundimiento del crucero brasileño Bahía.
2) A bordo de la citada nave no llegó ningún político ni militar alemán.
3) Antes de entregarse a las autoridades, no llegó a la costa argentina ninguna persona procedente de la embarcación.
4) Las personas desembarcadas pertenecen todas a la tripulación del submarino y su nómina se ha dado a conocer.
Días más tarde, el 18 de julio de 1945, un decreto del poder ejecutivo de la República Argentina determinaba el destino final de la embarcación alemana. El artículo disponía que fueran puestos “a disposición de los gobiernos de Estados Unidos y de Gran Bretaña el submarino U-530, su tripulación y las actuaciones producidas por el Ministerio de Marina con motivo de las investigaciones practicadas “. El artículo segundo establecía que “el ministerio de relaciones exteriores y culto hará las comunicaciones de estilo a los gobiernos mencionados “ y el tercero, finalmente, disponía que el Ministerio de Marina tomara inmediatamente “las medidas necesarias para el cumplimiento del presente decreto “. Quedaba así, cerrado oficialmente el incidente. Los interrogantes, sin embargo, seguían en pie, tal como lo hacía notar, en su edición del 13 de julio de 1945, un diario de Buenos Aires.
“El 8 de mayo fue firmada en Berlín, por los jefes nazis, la ratificación de la rendición incondicional de Alemania. Desde aquella fecha, hasta el momento del arribo a la base de Mar del Plata del submarino alemán, han transcurrido, pues, dos meses. La mencionada nave habría abandonado las costas noruegas en la primera quincena de marzo y no habría regresado después a aquellos apostaderos. La orden de rendición la habría recibido el U-530, entonces, en alta mar. ¿Dónde?. Es uno de los puntos que convendrá aclarar. Está dentro de lo probable que las comunicaciones sobre la rendición y la orden de entregarse pudieran no haber sido recibidas simultáneamente por todos los jefes…pero no podría sostenerse que transcurridas 24 horas o unos días o una semana, se siguiera ignorando lo ocurrido. Habrá, por lo tanto, que determinar en qué momento se informó de los hechos al submarino y cuál era su posición en ese momento. Y, averiguar qué causas o razones impidieron que la nave entrara antes en algún puerto para cumplir la obligación de entregarse”.
El investigador argentino Julio B. Mutti logró conectar la falta de la balsa principal del U-530 con una investigación llevaba a cabo por la policía bonaerense la semana anterior a la rendición del U-530. Los representantes estadounidenses habían reportado a Washington la falta de este elemento del sumergible, pero no estaban al tanto de que los argentinos habían hallado dicha balsa de goma, o una similar, las playas de Mar del Sud, cercanas de la localidad de Miramar.
El fin del U-530
Luego de la rendición, la tripulación del U-530 sería internada en la Argentina, y el submarino sería entregado a los representantes de la Armada de EE.UU. en Buenos Aires. Terminaría sus días como sumergible experimental y sería hundido como blanco naval por un torpedo del sumergible USS Toro (SS-422) en unos ejercicios el 28 de noviembre de 1947, al noreste de Cape Cod.
U-977
Fue un submarino de guerra Alemán del Tipo VII-C, rendido por su propia tripulación el 17 de agosto de 1945 en la Base Naval de Mar del Plata, Argentina.
El submarino
El U 977 fue botado el 2 de marzo de 1943 en los astilleros Blohm & Voss de Hamburgo, poseía un desplazamiento de 770/870 toneladas. Tenía una autonomía de 10 000 km, llegando a una velocidad en superficie de 17 nudos y en inmersión de 7 nudos. Su armamento estaba constituido por 5 tubos lanzatorpedos, cuatro a proa y uno en popa, y diez torpedos de 21”. Poseía además cuatro cañones antiaéreos de 37 mm y cuatro de 20 mm. Fue equipado con un sistema FU-M-B que detectaba las ondas de radar, snorkel y los últimos sistemas para burlar las naves antisubmarinas enemigas, como la incorporación de una válvula retráctil, que le permitía tomar aire y expulsar los gases de los motores sin delatar su posición. En diciembre de 1944, la Kriegsmarine había designado como su comandante al teniente de navío Heinz Schäffer, un oficial nacido en Berlín que se haría cargo de la nave mientras esta era modernizada. Hasta el momento de su última travesía, el historial de servicio del sumergible no era nada impresionante, había prestado servicio en las flotillas 5, 21 y 31 y había realizado solo una misión con resultados nulos.
El viaje
El 13 de abril de 1945, el U 977 zarpa del puerto de Kiel rumbo a Noruega, para comenzar en aguas de ese país con la instrucción de la tripulación y el uso del snorkel. Finalmente el 2 de mayo la nave abandonaría el puerto de Kristiansand hacia la misión asignada: permanecer frente a Southampton para atacar naves aliadas, y de ser posible ingresar en el puerto. Pero a poco de partir, una avería irreparable en el periscopio frustro la misión, decidiendo Schäffer continuar con la misión, ya que si regresaban a puerto seguramente serían enviados a combatir en tierra. El 4 de mayo, al finalizar la guerra, el U 977 se encontraba a la altura de la costa noruega. Ignorando la orden de rendición, el sumergible puso rumbo oeste, hacia el océano Atlántico. Según declaraciones de Schäffer, se sometió a votación cual sería el destino al que se dirigirían. Treinta tripulantes optaron por ir a la Argentina, dos a España y dieciséis, la mayoría de ellos con esposa e hijos, optaron por regresar a Alemania. Estos últimos serían desembarcados en las cercanías de Bergen la noche siguiente, dejando al sumergible sin la mayoría de la tripulación experimentada.
Los 66 días en inmersión
Debido al intenso patrullaje aéreo y naval al que estaba sometido el Atlántico, la mayor parte de la travesía se efectuó en inmersión, teniendo que utilizar el snorkel para recargar los acumuladores. Al cabo de dos meses, el interior del submarino se volvió inhabitable al cubrirse de moho. Los marinos, con los rostros macilentos y los ojos hundidos, sufrían el prolongado encierro en un submarino que navegaba constantemente a una profundidad promedio de 80 metros, algo nunca intentado hasta el momento. Era lógico que estas condiciones y el reducido espacio dentro del submarino generara en la tripulación alteraciones por cualquier nimiedad que llegaban incluso a las agresiones verbales. Pese a su poca experiencia, Schäffer pudo controlar la situación en todo momento, teniendo incluso que separar a su primer oficial del cargo por cuestionar su autoridad legal. Luego de 66 días de navegación, habiendo pasado ya la peligrosa zona en torno a Gibraltar, el U 977 finalmente emergió a la superficie, habiendo logrado un récord de navegación en inmersión para una nave no preparada para tal logro, y normalizando la situación de la tripulación que volvió a sus tareas señaladas en el reglamento. Al momento de su rendición el submarino se encontraba en óptimas condiciones de mantenimiento y limpieza. El investigador argentino Julio B. Mutti ha editado un libro en el año 2013, en el cual, mediante un exhaustivo análisis de los documentos existente, las memorias del comandante Schäffer y los datos estrictamente técnicos del U-977, ha llegado a la conclusión de que los días de viaje sumergido, muy probablemente, fueron bastante menos de 66.
La rendición
Como había ocurrido 40 días antes con el U-530, Schäffer iba a identificar a su submarino mediante señales de luces, lo que nuevamente tomaría por sorpresa a la dotación apostada en la base marplatense. Cuando al oficial de guardia la avisaron que un submarino alemán estaba aguas adentro tratando de rendirse, lo primero que hizo fue comunicarse con el Estado Mayor Naval para pedir instrucciones. Luego de esto, el barreminas ARA Py y dos submarinos argentinos salieron al encuentro del U-Boot, a casi tres millas de la costa y procedieron a abordar la nave. Ya en tierra la tripulación fue internada y sometida a interrogatorio. A diferencia del U-530, Schäffer conservaba a bordo la bitácora y las cartas de navegación que indicaban los presuntos movimientos del submarino hasta llegar a Mar del Plata. Asimismo, todos los torpedos se encontraban intactos. Al día siguiente, el comandante del U 977 firmó el acta de rendición del submarino y la tripulación fue trasladada a Buenos Aires para nuevos interrogatorios. Finalmente, la tripulación sería enviada a los Estados Unidos, luego enviada a Alemania y liberados en menos de un año. Para Schäffer, las cosas no iban a ser tan fáciles, sería interrogado en Estados Unidos y luego enviado a Inglaterra para nuevos interrogatorios por parte de los británicos.
El fin
Finalmente en septiembre de 1945, tanto el U 977 como el U-530 serían llevados a Estados Unidos, navegando por sus propios medios. Una vez retirados los equipos más delicados de ambas naves, la armada estadounidense ordenó que fueran torpedeados y hundidos como barco objetivo en el Atlántico, cosa que ocurrió en noviembre de 1946 con el U 977, al ser torpedeado por el submarino USS Atule. De esta manera terminó la vida de los últimos «lobos grises» que navegaron libres de la temida flota submarina de la Kriegsmarine, junto a más de 700 U-Boot hundidos durante el conflicto.
Referencias
• Camarasa, Jorge.: “Puerto Seguro”. (2006).
• Julio B. Mutti.: “Los Verdaderos Últimos Días de la Segunda Guerra Mundial”. (2013).
• Así Fue La Segunda Guerra Mundial.: “América Latina ante la Guerra, U-530 “.
• Franco Martinelli.: “Los Tiburones del Tercer Reich”. (1966).
Fotografías: créditos a quién corresponda.


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